
Cuando el lenguaje construye —o erosiona— la confianza ciudadana
Vivimos en una época en que las palabras pesan más que nunca. Cada mensaje que circula en los medios, las redes sociales o los discursos institucionales tiene la capacidad de fortalecer o fracturar los lazos que sostienen la vida pública. En ese contexto, recuperar el valor público de la palabra es un desafío esencial para quienes trabajamos en comunicación.
La palabra no solo transmite información: crea realidad, activa emociones y configura imaginarios colectivos. Lo que decimos —y cómo lo decimos— moldea la percepción que tenemos de lo común, de los otros y de nosotros mismos como parte de una comunidad. Cuando el lenguaje se degrada en agresión o manipulación, se deteriora también la posibilidad de diálogo, y con ello, la confianza que sustenta la democracia.
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